Es verdad que nos ha caído encima una crisis cual mamut y nos oprime y todo eso. ¿Pero hay hambre? ¿Hay desabastecimiento? ¿Hay hordas de zombies deambulando por las calles en busca de cerebros frescos? Pues no, el Apocalipsis no ha aparecido, los carritos de la compra están rebosantes y felices, pero todos seguimos quejándonos. Jesucristo ni el Monstruo Volador de Espaguetti han descendido de los Cielos para juzgarnos a todos nosotros, pecadores.
Es cierto, ha ido mucha gente al paro. Pero también es verdad que tienen una paga mensual por desempleo. La vida cotidiana en España no es como la pintan en Callejeros, ese programa que hace lo particular (determinado barrio incrustado en la periferia sevillana) una tónica general. No se puede confundir así. Aunque tiene puntazos, sí.
España es un país que tiene grandes taras, de eso no hay duda y no nos salvamos ni escapando. Pero, vaya, hay una clase media potente y en crecimiento. No valen ya los sueños de autarquía y de ser independientes: en un mundo globalizado todos dependemos del resto. No tenemos todos los recursos y eso es así. EEUU comercia con Japón, Japón con Italia, Italia con Francia, Francia con España, etc, etc. Incluso en la Edad Media para conseguir en un mercadillo de Toledo una vestido guapo tenías que acudir a los sastres de Flandes, o las armas de la conquista americana fueron financiadas por particulares comerciantes genoveses o venecianos. En estos días no podemos subestimar el poder del comercio de forma bananera.
Porque el mercado y la globalización (a su paso en cada región o país) acaba destronando tabúes mejor que las armas y la imposición, aunque una acaba existiendo gracias a la otra. Afganistán, por ejemplo, será un país libre cuando sus mujeres puedan elegir cómo vestir y cómo ser, cuando no exista el analfabetismo, cuando en un quiosco dispongas de mil revistas diferentes para comprar, cuando sea posible la discrepancia y el "yo creo que no es así". Hay que entender que hay musulmanes moderados y radicales, y es coherente que nos aliemos a los moderados, que son buena gente, para aislar a los radicales, que son minoría e incluso repudiados por su propio pueblo. El islamismo moderado es partidario de una legislación más acorde con los Derechos Humanos, los islamistas radicales pretenden una teocracia. De hecho, como se demostró en Argelia, los propios argelinos repudiaron los atentados de los radicales. No hay conspiraciones en silencio como clama la derecha. Hay que ser coherentes y pragmáticos.
Y aquí seguimos bien. La economía mundial sufrió una crisis y ya se está recuperando poco a poco. Obviamente no sería realista esperar algo instantáneo, pero tampoco ser unos agoreros aburridísimos, siempre con la misma pandereta de la tragedia.
Es cierto, ha ido mucha gente al paro. Pero también es verdad que tienen una paga mensual por desempleo. La vida cotidiana en España no es como la pintan en Callejeros, ese programa que hace lo particular (determinado barrio incrustado en la periferia sevillana) una tónica general. No se puede confundir así. Aunque tiene puntazos, sí.
España es un país que tiene grandes taras, de eso no hay duda y no nos salvamos ni escapando. Pero, vaya, hay una clase media potente y en crecimiento. No valen ya los sueños de autarquía y de ser independientes: en un mundo globalizado todos dependemos del resto. No tenemos todos los recursos y eso es así. EEUU comercia con Japón, Japón con Italia, Italia con Francia, Francia con España, etc, etc. Incluso en la Edad Media para conseguir en un mercadillo de Toledo una vestido guapo tenías que acudir a los sastres de Flandes, o las armas de la conquista americana fueron financiadas por particulares comerciantes genoveses o venecianos. En estos días no podemos subestimar el poder del comercio de forma bananera.
Porque el mercado y la globalización (a su paso en cada región o país) acaba destronando tabúes mejor que las armas y la imposición, aunque una acaba existiendo gracias a la otra. Afganistán, por ejemplo, será un país libre cuando sus mujeres puedan elegir cómo vestir y cómo ser, cuando no exista el analfabetismo, cuando en un quiosco dispongas de mil revistas diferentes para comprar, cuando sea posible la discrepancia y el "yo creo que no es así". Hay que entender que hay musulmanes moderados y radicales, y es coherente que nos aliemos a los moderados, que son buena gente, para aislar a los radicales, que son minoría e incluso repudiados por su propio pueblo. El islamismo moderado es partidario de una legislación más acorde con los Derechos Humanos, los islamistas radicales pretenden una teocracia. De hecho, como se demostró en Argelia, los propios argelinos repudiaron los atentados de los radicales. No hay conspiraciones en silencio como clama la derecha. Hay que ser coherentes y pragmáticos.
Y aquí seguimos bien. La economía mundial sufrió una crisis y ya se está recuperando poco a poco. Obviamente no sería realista esperar algo instantáneo, pero tampoco ser unos agoreros aburridísimos, siempre con la misma pandereta de la tragedia.



